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El templo

Santa María de los Ángeles

Templo católico

Vitoria - Gasteiz

Ubicada en pleno centro de la ciudad, la parroquia de Santa María de los Ángeles es uno de los templos católicos más representativos de Vitoria. La construcción se inició en 1958, y terminó apenas dos años después, en 1960. El proyecto es de los arquitectos Javier Carvajal y José Mª García de Paredes, quienes supieron aprovechar perfectamente la planta triangular que se abría en la confluencia de las calles Bastiturri y Avenida Gasteiz.

 

La parroquia fue dedicada -por expresa petición de los donantes del terreno- a la gloriosa asunción a los cielos de la Santísima Virgen María por un coro de ángeles, dogma que había sido proclamado por S.S. el Papa Pío XII pocos años antes del comienzo de las obras. Por este motivo, el retablo principal de la Iglesia lo constituye la imagen de Santa María de los Ángeles, como veremos a continuación.

 

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El templo por fuera

Lo primero que llama la atención de este templo es su estructura triangular, que se justifica no sólo por el espacio que estaba llamada a ocupar, sino por la clara intención de que toda la estructura  convergiese a un punto central: el altar. 

 

La Iglesia está construida con materiales sencillos, como el ladrillo, la madera, el acero laminado, la piedra, el hormigón y la pizarra; elementos que resultan muy decorativos, pero que carecen de cualquier tipo de lujo, para no perder de vista lo verdaderamente importante: que todo templo consagrado al Señor está llamado a ser, ante todo, «casa de oración». (Mt 21, 13).

Por último, destaca la imponente estructura exterior, soportada por una serie de vigas de metal, sobre la que se asienta la cubierta, diseñada en dos aguas. Su aspecto exterior, que recuerda a la quilla de un barco, viene a indicar que la Iglesia no es sino la barca de Pedro, en la cual todos estamos invitados a subir para poder navegar juntos hacia el cielo. 

El campanario

Próxima al templo destaca la torre campanario, una sencilla construcción de cemento de 42 metros de altura, que actúa a modo de faro, que guía e informa a todos los habitantes de Vitoria  de que allí, en medio de ellos, está la casa de Dios.  La torre tiene tres campanas, alineadas de menor a mayor, y en su parte más alta se observan dos grandes bloques de hormigón que forman una gran cruz, visible desde distintos puntos de la  ciudad, y que simboliza el mástil de la barca.

 

La torre se encuentra unida a un edificio de la vecindad, de modo que entre la torre y la Iglesia se abre un espacio propio donde los parroquianos pueden congregarse a la salida de las ceremonias sin congestionar la calle, posibilitando así un ambiente de encuentro fraterno que, siguiendo con la simbología de la barca, nos hace comprender que el espacio que se abre entre la torre y el templo —es decir, el atrio— es la cubierta de la barca, donde se encuentran los hermanos, lo cual trae a la memoria las palabras del salmo 132.

«Ved ¡qué dulzura! ¡qué delicia! convivir los hermanos unidos.»

 

Salmo 132

Campanario SMA

POR DENTRO

La estructura diagonal del templo actúa a modo de líneas guía que conducen la mirada hacia un punto central: el altar, que es el centro de toda actividad parroquial. Continuando con la simbología de la barca, nos damos cuenta de que, así como el timón es el punto central de toda nave —pues es desde allí desde donde se decide la dirección que habrá de tomar la barca— así también toda la vida parroquial nace de la celebración del misterio eucarístico.

 

Destaca el uso de la luz, la cual entra en el templo por medio de los cristales situados tanto en la base de la estructura piramidal como desde su parte superior. La iluminación inferior consigue no sólo el efecto de una iluminación indirecta de manera natural, sino la sensación de que toda la cúpula triangular se encuentra flotando sobre la estructura. Por otra parte, la iluminación que viene «desde lo alto» nos recuerda que Jesucristo es ese sol que nace «desde lo alto» de la que nos habla san Lucas en su evangelio (Lc 1, 78). De esta manera, el templo es iluminado por Jesucristo, la luz del mundo, de tal manera que todo el que cree en Él no sigue en las tinieblas. 

 

Por último, en el lado izquierdo se abre una cornisa de madera que sirve de fondo a las sencillas cruces que forman el Vía Crucis. 

El interior del templo en sus orígenes

Se observan algunos cambios desde sus orígenes hasta el día de hoy. En primer lugar, el altar, fabricado en piedra abujardada, ocupaba la mayor parte de la superficie del presbiterio, en donde todavía no estaba colocado el órgano. En segundo lugar, observamos cómo el suelo original era de cemento, que fue sustituido posteriormente por suelo actual. Por último, la imagen original de Santa María de los Ángeles estaba fabricada en escayola, pero fue sustituida por la imagen actual de bronce debido a un accidente fatal ocurrido años después de su inauguración.

La asunción de la Virgen

Lo primero que llama la atención del templo es la escultura  dedicada a la Virgen Santísima, en su advocación de Santa María de los Ángeles, recogiendo el momento en el que la joven doncella de Nazaret es asunta a los cielos por un coro de ángeles. 

 

Tanto las alas de las criaturas celestes, como el manto de la Virgen, como la posición suspendida de los pies de todas las figuras, crean un conjunto vertical que nos invita a elevar nuestra mirada al cielo. La Virgen, con su mirada fija en lo alto y los cabellos flotando en el aire, abre sus manos en actitud expectante y gozosa.

 

La imagen mide 7 metros de altura y está totalmente realizada en bronce. Está sujeta únicamente por tres discretos cables, lo que, a simple vista, da la sensación de que la imagen se encuentra flotando en el aire. La imagen toda ella el retablo de la parroquia. 

 

La escultura fue realizada en 1960, y es obra del escultor ciudadrealeño Joaquín García Donaire.

 

La imagen original fue construida en escayola, pero fue sustituida por la imagen de bronce actual tras sufrir un accidente fatal. 

La nave lateral

En el lado derecho del templo se abre un amplio espacio compartimentado por una serie de muretes rectangulares de ladrillo visto, que delimitan tres espacios independientes: el baptisterio, la capilla de la reconciliación y la capilla del Santísimo. Cada uno de estos espacios es iluminado por una serie de vidrieras, cuyo color principal hace referencia a cada sacramento administrado: en el baptisterio predomina el color azul, que recuerda al agua que nos purifica de toda mancha; en la capilla de la reconciliación predomina el color morado, que es el color litúrgico de la cuaresma, momento en que fue culminada la obra de la redención; y en la capilla del santísimo predomina el color rojo, el color de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, que se nos ofrece cada día en el banquete de la Eucaristía como alimento para la vida eterna. 

El baptisterio y la pila bautismal

La pila bautismal

Destaca en el baptisterio la imponente pila bautismal, fabricada en piedra del país, cincelada en forma de cilindro ovalado en bloque, con dos huecos a media esfera en su parte superior.

 

El baptisterio está situado en la entrada del templo, haciendo referencia al hecho de que el bautismo es la puerta que abre paso para los demás sacramentos de la iniciación cristiana.

En la vidriera del baptisterio resalta el color azul, símbolo del agua que nos purifica de toda mancha.

Capilla de la reconciliación

Pasado el baptisterio encontramos la capilla de la reconciliación, con ocho pequeños confesionarios independientes cubiertos por una tela de color morado.

 

La capilla está presidida por un gran crucifijo, que viene a recordarnos las palabras del santo Cura de Ars sobre la confesión.

«Cada vez que nos confesamos, desclavamos a nuestro Señor Jesucristo de la Cruz»

Santo Cura de Ars

Capilla de la reconciliación

La confesión es un encuentro con un Dios que perdona y olvida cada pecado de la persona que no se cansa de pedir su misericordia.

La capilla del Santísimo

Pasado el baptisterio y la capilla de la reconciliación, encontramos la capilla del Santísimo. De planta hexagonal, sus muros de ladrillo simbolizan dos brazos que se abren para recibir a todo fiel que quiera acercarse a la presencia del Señor..

Destaca su imponente altar de piedra abujardada y su sencillo ambón, adornado con la imagen de Nuestro Señor Jesucristo con el libro abierto, que nos recuerda que Él es la Palabra hecha carne.

 

El sagrario, de metal, que otrora se encontrara posado sobre el altar mayor —cuando la misa se celebraba ad orientem—  se encuentra ahora en la capilla del Santísimo, empotrado en la pared. Custodiando el sagrario se encuentra la lámpara del Santísimo, que nos indica la presencia real de Jesús de Nazaret en el Sagrario, y junto a Él, la imagen de la Virgen, indicando que Jesús está siempre junto a su madre. 

Cristo crucificado

En el presbiterio encontramos otro crucifijo, más pequeño, de estilo moderno y aspecto desfigurado, que viene a recordarnos las palabras de Isaías cuando habla de la pasión del Señor 800 años antes de que ocurriese: 

«Él soportó todas nuestras dolencias. Fue triturado por nuestras culpas. No tenía apariencia ni presencia» (Cfr. Is 53)

El crucifijo es obra del escultor navarro Xavier Santoxena.

Xavier Santoxena

Obra culminada

Tan solo dos años después del inicio de las obras, el templo de Santa María de los Ángeles fue consagrado al servicio de Dios, y a él empezaron a acudir los fieles para recibir los sagrados sacramentos.

 

AMDG

Nota: Todas las imágenes han sido cedidas por el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

Fuente: Hidden Architecture