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LA CONFIRMACIÓN

LA PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO

«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.»

Hechos de los apóstoles 1, 8

LA CONFIRMACIÓN

Jesús prometió a sus discípulos que les enviaría el Espíritu Santo, que les daría la fuerza necesaria para superar el miedo a la muerte y a la persecución. La promesa se cumplió, el Espíritu Santo descendió sobre sus discípulos, y los que pocos días antes le habían negado y abandonado, ahora «daban testimonio del Señor Jesús con mucha valentía» (Hch 4, 33).

 

Hoy, al igual que entonces, Jesús sigue buscando a personas que den testimonio de su pasión, muerte y resurrección, no sólo en el día a día, en lo cotidiano de nuestras vidas sino, si fuera preciso, haciendo lo mismo que Él hizo por nosotros: entregando nuestra vida por nuestros hermanos. ¿Imposible? Vamos a verlo.

Dieron la vida por sus hermanos

Testigos de CRISTO EN EL MUNDO DE hoy

Jesús es el mismo hoy, ayer y siempre

Agata Mróz-Olszewska

La doble campeona de europa de voleibol murió por salvar a su hija no nacida

Ágata era una chica normal, como cualquier otra, a la que le gustaba mucho el deporte, sobre todo el voleibol. Sin embargo, a los 17 años tuvo que afrontar una dura prueba, pues le detectaron una enfermedad mortal: leucemia. 

 

Lejos de abatirse, Ágata logró afrontar la enfermedad y llegó, incluso, a ser jugadora de voleibol profesional, ganando dos campeonatos de Europa con su selección nacional. 

 

En el año 2007, Ágata se casó y se quedó embarazada, pero la enfermedad se agravó de forma muy peligrosa, de modo que se vio obligada a afrontar una difícil decisión: o someterse a una delicadísima operación de traspante de médula —lo cual pondría en riesgo su embarazo— o postergar la operación hasta que naciese su hija. 

Ágata no lo dudó y postergó el tratamiento. Sólo después del parto aceptó someterse a la operación… pero ya fue tarde para ella, pues sufrió una infección mortal, y murió. Tenía tan solo 27 años. Ágata perdió su vida, pero nos dejó a todos no sólo la preciosa vida de su hija,  Liliana, sino también un hermoso testimonio de que, después de Cristo, es posible ver a un ser humano dar la vida por otro.

 

Poco antes de morir, Ágata dijo:

 

No me arrepiento de mi decisión. Si tuviera que optar de nuevo, tomaría la misma decisión. Soy feliz y me voy satisfecha.

San Maximiliano María Kolbe

Murió en el campo de concentración de Auschwitz  después de ofrecer su vida a cambio de la de un compañero de prisión que era padre de familia. 

Maximiliano Kolbe fue un sacerdote polaco, de la orden de los franciscanos, que durante toda su vida fue un activo propagador de la devoción a la Virgen María, sobre todo por medio de la publicación de una revista titulada «Caballero de la Inmaculada» de la cual él era el máximo responsable. 

 

Su vida se complicó cuando los nazis invadieron Polonia, pues estos no estaban en absoluto dispuestos a permitir la difusión e la fe católica, de modo que el P. Maximiliano Kolbe fue arrestado por la Gestapo y enviado al campo de concentración de Auschwitz el 28 de mayo de 1941. Tenía 47 años. 

Poco después de su arresto, tres prisioneros lograron escapar del campo de concentración, de modo que los nazis, enfurecidos, idearon un método para infundir terror en los demás prisioneros y quitarles la esperanza de poder escapar algún día. Lo que hicieron fue elegir a 10 prisioneros al azar y condenarlos a morir de hambre en un búnker sin agua, sin luz y sin comida. 

Uno de los hombres seleccionados para morir fue Franciszcek Gajowniczek, quien se puso a llorar y a gritar ante la angustia de la terrible muerte a la que había sido gratuitamente condenado. La sentencia estaba dictada y la muerte era inevitable… sin embargo, en ese momento ocurrió lo que nadie podía esperar.

 

Un hombre, que no estaba en la fila de los elegidos para morir, dio un paso al frente y le dijo al oficial nazi: «Quiero tomar el lugar de este hombre. Tiene una esposa y una familia. Yo no tengo a nadie. Soy un sacerdote católico» — era el P. Maximiliano Kolbe.

Franciszcek Gajowniczek, el hombre al que el P. Kolbe salvó la vida

Ante el asombro de todos, el oficial nazi aceptó la petición del P. Kolbe, de modo que éste fue conducido, junto con los otros 9 prisioneros, a la «celda de la muerte», también conocida como «el búnker». Una vez allí, se les dejó abandonados hasta que murieran de hambre. 14 días después, todos los prisioneros habían muerto, excepto el P. Kolbe. En ese momento, los nazis le aplicaron una inyección letal y murió. Era el 14 agosto de 1941, vísperas de la fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos. 

El P. Maximiliano Kolbe (izq)  y Franciszek Gajowniczek, años después del holocausto.

Franciszcek Gajowniczek, el hombre a quien el P. Kolbe salvó la vida, sobrevivió a Auschwitz y se reunió de nuevo con su mujer. Él mismo declaró que el P. Kolbe tenía una mirada de satisfacción en su rostro cuando se ofreció a entregar la vida a cambio de la suya, que era un completo desconocido. 

 

Años después declaró:

Mientras tenga aire en los pulmones, consideraré mi deber hablar a la gente del extraordinario acto de amor de Maximiliano Kolbe.

En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. Así también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

1 Juan 3, 16

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